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lunes, 4 de marzo de 2013

¡Ay de mi Alhama!


El silbo vulnerado y La quimera de plástico.

 Una joya de nuestra literatura que, musicada por Gregorio Maestro y con los 
títeres y la dirección de Héctor Grillo, interpretábamos en ese espectáculo.
 
ROMANCE DE LA PÉRDIDA DE ALHAMA
Paseábase el rey moro
por la ciudad de Granada
desde la puerta de Elvira
hasta la de Vivarrambla.
—¡Ay de mi Alhama!—
Cartas le fueron venidas
de que Alhama era ganada.
Las cartas echó en el fuego
y al mensajero matara,
—¡Ay de mi Alhama!—
Descabalga de una mula,
y en un caballo cabalga;
por el Zacatín arriba
subido se había al Alhambra.
—¡Ay de mi Alhama!—
Como en el Alhambra estuvo,
al mismo punto mandaba
que se toquen sus trompetas,
sus añafiles de plata.
—¡Ay de mi Alhama!—
Y que las cajas de guerra
apriesa toquen el arma,
porque lo oigan sus moros,
los de la vega y Granada.
—¡Ay de mi Alhama!—


Los moros que el son oyeron
que al sangriento Marte llama,
uno a uno y dos a dos
juntado se ha gran batalla.
—¡Ay de mi Alhama!—
Allí fabló un moro viejo,
de esta manera fablara:
—¿Para qué nos llamas, rey,
para qué es esta llamada?
—¡Ay de mi Alhama!—
—Habéis de saber, amigos,
una nueva desdichada:
que cristianos de braveza
ya nos han ganado Alhama.
—¡Ay de mi Alhama!—
Allí fabló un alfaquí
de barba crecida y cana:
—Bien se te emplea, buen rey,
buen rey, bien se te empleara.
—¡Ay de mi Alhama!—
Mataste los Bencerrajes,
que eran la flor de Granada,
cogiste los tornadizos
de Córdoba la nombrada.
—¡Ay de mi Alhama!—
Por eso mereces, rey,
una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino,
y aquí se pierda Granada.
—¡Ay de mi Alhama!— 




 

lunes, 1 de octubre de 2012

El Camino de Santiago I



Ir a cantar a la Plaza de san Mateo, en Cáceres, para mi es como un viaje iniciático. Y soy más consciente cuando veo llegar allí a las personas que hacen el Camino de Santiago por La Ruta de la Plata andando o en bicicleta.

El Camino comienza cuando me monto en el coche para llegar hasta allí y termina mucho tiempo después de llegar a mi casa; en medio, tres o cuatro horas de tocar la zanfona y cantar.

Hoy para expresar mis pensamientos ha venido Leon Felipe.
He escuchado muchas veces a Luis Felipe recitar estos versos mientras Goyo Maestro y yo esperábamos para cantar Revolución.


PIE PARA EL NIÑO DE VALLECAS, DE VELÁZQUEZ
Bacía, Yelmo, Halo.
Este es el orden, Sancho.

De aquí no se va nadie.
Mientras esta cabeza rota
del Niño de Vallecas exista,
de aquí no se va nadie. Nadie.
Ni el místico ni el suicida.
Antes hay que deshacer este entuerto,
antes hay que resolver este enigma.
Y hay que resolverlo entre todos,
y hay que resolverlo sin cobardía,
sin huir
con unas alas de percalina
o haciendo un agujero
en la tarima.
De aquí no se va nadie. Nadie.
Ni el místico ni el suicida.
Y es inútil,
inútil toda huida
(ni por abajo
ni por arriba).
Se vuelve siempre. Siempre.
Hasta que un día (¡un buen día!)
el yelmo de Mambrino
—halo ya, no yelmo ni bacía—
se acomode a las sienes de Sancho
y a las tuyas y a las mías
como pintiparado,
como hecho a la medida.
Entonces nos iremos todos
por las bambSialinas.
Tú, y yo, y Sancho, y el Niño de Vallecas,
y el místico, y el suicida.

León Felipe


Goyo Maestro, Luis Felipe y Carmen Orte en el IES de Fraga





REVOLUCIÓN

Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.

Y siempre habrá un sol también
- un sol verdugo y amigo -
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.