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lunes, 1 de octubre de 2012

El Camino de Santiago I



Ir a cantar a la Plaza de san Mateo, en Cáceres, para mi es como un viaje iniciático. Y soy más consciente cuando veo llegar allí a las personas que hacen el Camino de Santiago por La Ruta de la Plata andando o en bicicleta.

El Camino comienza cuando me monto en el coche para llegar hasta allí y termina mucho tiempo después de llegar a mi casa; en medio, tres o cuatro horas de tocar la zanfona y cantar.

Hoy para expresar mis pensamientos ha venido Leon Felipe.
He escuchado muchas veces a Luis Felipe recitar estos versos mientras Goyo Maestro y yo esperábamos para cantar Revolución.


PIE PARA EL NIÑO DE VALLECAS, DE VELÁZQUEZ
Bacía, Yelmo, Halo.
Este es el orden, Sancho.

De aquí no se va nadie.
Mientras esta cabeza rota
del Niño de Vallecas exista,
de aquí no se va nadie. Nadie.
Ni el místico ni el suicida.
Antes hay que deshacer este entuerto,
antes hay que resolver este enigma.
Y hay que resolverlo entre todos,
y hay que resolverlo sin cobardía,
sin huir
con unas alas de percalina
o haciendo un agujero
en la tarima.
De aquí no se va nadie. Nadie.
Ni el místico ni el suicida.
Y es inútil,
inútil toda huida
(ni por abajo
ni por arriba).
Se vuelve siempre. Siempre.
Hasta que un día (¡un buen día!)
el yelmo de Mambrino
—halo ya, no yelmo ni bacía—
se acomode a las sienes de Sancho
y a las tuyas y a las mías
como pintiparado,
como hecho a la medida.
Entonces nos iremos todos
por las bambSialinas.
Tú, y yo, y Sancho, y el Niño de Vallecas,
y el místico, y el suicida.

León Felipe


Goyo Maestro, Luis Felipe y Carmen Orte en el IES de Fraga





REVOLUCIÓN

Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.

Y siempre habrá un sol también
- un sol verdugo y amigo -
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.












viernes, 10 de febrero de 2012

YA NO HAY LOCOS

Ya no hay locos
Pero ya no hay locos
Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario fantasma del desierto y ... ni en España hay locos.
Todo el mundo está cuerdo, terrible, monstruosamente cuerdo.
...
El sapo iscariote y ladrón repartiendo castigos y premios ...
y yo, callado, aquí, callado, impasible, cuerdo ...
¡cuerdo!, sin que se me quiebre el mecanismo del cerebro.
¿Cuándo se pierde el juicio? (yo pregunto, loqueros).
¿Cuándo enloquece el hombre?
...
Si no es ahora, ahora que la justicia vale menos, infinitamente menos
que el orín de los perros;
si no es ahora, ahora que la justicia tiene menos, infinitamente menos
categoría que el estiércol;
si no es ahora ... ¿cuándo se pierde el juicio?
Respondedme loqueros,
¿cuándo se quiebra y salta roto en mil pedazos el mecanismo del cerebro?
Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario fantasma del desierto
y ... ¡Ni en España hay locos! ¡Todo el mundo está cuerdo,
terrible, monstruosamente cuerdo! ...
¡Qué bien marcha el reloj! ¡Qué bien marcha el cerebro!
Este reloj ..., este cerebro, tic-tac, tic-tac, tic-tac, es un reloj perfecto ...,
perfecto, ¡perfecto!

Desde hace unos días, este poema, hecho canción por Paco Ibáñez, resuena incesantemente en mi cabeza.
Si Leon Felipe no se volvió loco, yo tampoco.

viernes, 14 de octubre de 2011

Sé todos los cuentos

Sé todos los cuentos
Me he pegado muchos años aprendiendo cuentos, canciones, romances, cuentos cantados. Es una de las cosas que más me gustan en la vida y para la que estoy bien dotada, tengo ese tipo de memoria: se me graban y ahí se quedan para siempre aunque muchas veces cuando salen, salen modificadas; formo parte de la tradición oral.
Un día cayó en mis manos un disco de Adolfo Celdrán en el que había un poema musicado de Leon Felipe que decía:

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan solo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos...
Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos...
Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos...
Que los huesos del hombre los entierran con cuentos...
Y que el miedo del hombre
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Pero me han dormido con todos los cuentos,
y sé todos los cuentos.

¿Hay quien dé más?

jueves, 13 de octubre de 2011

La rueda de la Fortuna

Foto: Juan Carlos Vidarte 
No soy una experta en dioses, no sabría decir apenas sobre mitología, pero te aseguro que la rueda de la Fortuna me lleva zarandeando toda mi vida. Me propongo algo y llega ella y me cambia el rumbo. No puedo ni protestar porque el nuevo cariz que toman las cosas me apasiona.
Llegan otros tiempos e intento retomar el sentido práctico, el académico, el habitual, y cuando parece que lo estoy consiguiendo de nuevo gira y me lo desbarata.  Adivina mis deseos más ocultos, esos que ni yo quiero reconocerme a mi misma.
Por eso ya no la tomo muy en serio, sé que me quiere y me trata bien y me esfuerzo por estar a su altura. Me pregunto a veces: ¿qué querrá?, volverme loca no, en absoluto, es muy seria, es una fuerza que mueve el mundo. Así que la dejo hacer y me instalo en su rueda, me acuerdo de la canción "... si naciste pa martillo del cielo te caen los clavos..." y me intento relajar aunque a veces la posición sea incómoda. Recuerdo a esas personas que he visto alguna vez en la televisión que se pegan horas, días, sobre una cama de clavos, respiro con la barrigota, como le digo a mi niña, y ...consigo relajarme. Al fin y al cabo sigo el hilo, me mantengo a flote, para mí, para otros estaría... ¿loca?, ¿en la luna?, ¿sería una pobrecita?...
En mi ayuda llega siempre Leon Felipe diciendo:

Bacía, yelmo, halo,
este es el orden, Sancho.

Y me relajo, esas palabras sosiegan mi corazón como un bálsamo. Aunque el sentido ¿común? diga una cosa, yo sé que la razón está conmigo y puedo disfrutar y ser feliz.